La Noche

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De esas noches que no quieres salir y te pones lo más feo, te haces un moño y sales a la calle con una actitud que ni mencionarla… Pues esas son “las noches” en las que te pasan cosas sin buscarlas. Ya me lo decían, “no busques y encontrarás”.

Esta vez, ni llegué tarde a La Colmena (Pub donde nos juntábamos toda la pandilla), mis amigos me preguntaron: ¿que te pasa? jajaja. Empezaron a pedir cervezas y como siempre nadie se acordaba de que no me gusta, así que me acerque yo a la barra. Había un nuevo camarero, ¡que guapo era! y yo con mis pintas… me dijo:-¿que quieres?- y yo pensé: -¡A ti, papasito!, pero no se lo dije, me sirvió, me guiñó un ojo y se giró… ¡No, no le pagué!

La noche concurría y siempre iba al lado de la barra, cerca de Rubén. Así se llamaba el nuevo camarero de La Colmena.

Me ponía justo en mitad del bar a bailar con mis amigos, simplemente para que viese como se contoneaba este body. De repente con unas copas de más, cerré los ojos y me dejé llevar, quizás parecía algo alocada, pero al volver de donde estaba, abrí los ojos y él me estaba bailando. Yo algo atrevida a esas horas y en ese estado, me acerqué a su oído y le susurré: “Me hago pis y creo que no hay papel en el baño”. Sí, era una indirecta en toda regla, jajaja… Se fue y yo me metí en el baño sin echar el cerrojo. De repente tocaron a la puerta y dijeron: -¿Alguien ha pedido papel?-. Yo empecé a reírme y mi mirada se dirigió al rollo de papel que había en el baño (porque claro, allí había papel para dar y regalar). El solo pudo decir lo mentirosa que era, porque claro, no le deje abrir la boca más. Le metí la lengua entera y él me empotró contra la pared, ¡que fue estaba!

Me bajó y le desabroché los pantalones. ¡Madre mía!, parecía una anaconda, me atragantaba por momentos y no me lo podía tomar con calma, ya que el estaba trabajando, es decir, teníamos que echar el kiki más rápido del mundo.

El volvió a empotrarme y esta vez con su anaconda dentro de mí. Cuantos gemidos y gritos, no podía callarme, pero daba igual, estaba la música puesta, estábamos en un Pub… Cuando su anaconda y mi conejito acabaron, salimos, y sabéis que?, al salir la gente nos aplaudió… y yo conforme lo apartaba a él, ¡me fui pitando… que vergüenza!

Lo único que me calmaba quizás, era que iba con unas pintas, que igual la gente no me reconocía, o eso pensaba… ¿Sabéis como me llaman los que si me reconocieron? ¡LA KIKIS!

Amelie Eagle

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