Mi Efímera Hetero

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Tengo la gran manía de fijarme en las chicas “hetero”, porque claro, todas van de hetero y a todas les pica el gusanillo de cómo es el sexo entre dos mujeres. Todas alguna vez, yendo “borrachas” han besado a su mejor amiga, aunque en el fondo el motivo de tal acción es llegar a probar, saber que es, saber que se siente… ¡Que no os engañen y os digan que es con cariño o broma! jajajaja, porque ya se sabe que, entre broma y broma, la verdad asoma.

LENCERIAL-MILCOSITAS

Quizás me pase generalizando, pero la gran mayoría han sido así. Y digo han sido, porque una vez que lo han probado, no hay marcha atrás, en cambio con un hombre si, está toda la marcha atrás del mundo para no volver a tal …

Ahora tampoco generalizo con los hombres, solo las personas que se sienten ofendidas o que se dan por aludidos, ya que sabéis que muchos de vosotros no comprendéis, ni aportáis nada a una mujer, “por eso, esta avalancha entre mujeres”. Pues de ahí, de una “avalancha”, fue de donde apareció mi efímera hetero.

Cuando la vi por primera vez, con sus harapos de princesa, supe que debajo de todo eso había una chica ardiente que solo quería que le apagasen ese fuego interior que siempre tenía y nadie lograba apagar. O quizás, esa llama seguía encendida porque no había probado a apagarlo con el sexo acertado. Claro está, hasta que topó conmigo. Como ya os dije antes, siempre me fijo en las chicas “hetero”, tengo un imán para ellas.

Bella se llamaba, su belleza acompañaba a su nombre, esos ricitos que saltaban sobre si, esa nariz con pequitas, esas largas piernas que parecían no tener fin… Ese día solo la observé y ya no la volví a ver más.

Volvía una y otra vez donde me la encontré y nada, las estaciones pasaban, los años pasaban, me eché novia, lo dejamos… y otra vez me puse a observar y apareció, justo en la misma estación del año, ¡en la primavera! Pero esta vez, no la iba a dejar escapar, aunque quien la acompañaba era muy apuesto y tenía pinta de ser su novio.

Me puse nerviosa  al verla y al oler aquel aroma que desprendía, tanto que le tiré un refresco encima y así empezó todo. “Mi historia con la chica hetero”.

Fui tan torpe (todavía me da vergüenza lo torpe que fui), aunque quizás para ella fue gracioso. Cuando me ofrecí a limpiarle, mi mano ya estaba rozando sus pechos (no fue con la intención que os imagináis, jajaja). Pero su camisa no tenía arreglo, así que le dejé mi chaqueta. Sin pensarlo, ya tendría que volverla a ver. Me dio su número para que le mandara mi dirección para así poder devolvérmela. Unas cuantas miradas desde lejos, alguna sonrisa y nuevamente desapareció.

Los días posteriores vi al que creía ser el novio de Bella, pero a ella no, así que nuevamente pensé que ya no la volvería a ver, hasta que una noche tocaron al timbre. Cual fue mi sorpresa cuando la vi tras la puerta, con mi chaqueta puesta y una bolsa en la mano con una botella de vino dentro en muestra de agradecimiento según ella, aunque fue mi culpa por la que se manchó, así que la invité a pasar.

Entre cháchara y copas, le pregunté por su novio, a lo que su única respuesta fue: ¿a eso he venido?. No supe como entender esa respuesta, simplemente pregunté para salir de mis dudas, dudas que por cierto, nunca antes había tenido… era como si nos conociéramos de toda la vida, y simplemente solo había podido observarla dos veces.

En cada copa la sentía más cercana a mí, me preguntaba dudas que quizás tenía dentro de si. Me retiré a la cocina a por más munición, mientras ella trasteaba su teléfono y se le cambió la cara. Cuando volví me dijo que si podía hacerme otra pregunta… -¿Crees que me gustan las chicas?- Yo entre risas que se escapaban de mi boca intenté responderle hasta que tuve que ir a por ella porque se sintió ofendida y así, ya le respondí. Su respuesta fue más interesante que la mía…

Os preguntaréis por lo que nos dijimos, pero la verdad es que solo le dí un beso, porque era o todo o nada. Fue el beso más largo que me han dado, recuerdo que me dejó sin saliva, incluso me entró la risa al recordar su pregunta y como me mordió para que dejara de reírme.

Al separar nuestros labios me sorprendió nuevamente. Me dijo que si era a esto a lo que había venido, yo le volví a contestar moviendo ficha, esta vez estábamos una encima de la otra, parecía un pulpo, me tocaba por todos los lados sin darme cuenta de que ella era “hetero”, que nunca antes había estado con una tía, pero la verdad es que esta chica era una caja de sorpresas. Quizás venía con la lección aprendida, ya os dije anteriormente que era de esas “heteros”.

No obstante, no la sentí como a cualquier ligue o supuesto novio, más bien fue como alguien que se liberó… La sentí en toda su plenitud, en todo su apogeo.

Solo os diré que sus gemidos fueron efímeros y en cada primavera se les puede oír.

Amelie Eagle.

tedeseo-baner

 

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