Me tocó la lotería

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Todo empezó una tarde cualquiera de julio hace dos años. Me fui a la capital, al piso de mi mejor amiga, que me había prestado para estudiar tranquilamente las oposiciones, ya que ella se fue de viaje y yo tenía lo exámenes esa misma semana. Me estudié todo el temario 3 veces seguidas y ya no podía más, lo único que me apetecía era relajarme, disfrutar… Tenía la necesidad de aprovechar ese piso para mí solo con alguien, pero no conocía a nadie que me llamase la atención por allí.

LENCERIAL-MILCOSITAS

Me empezaron los calores por todo el cuerpo, especialmente por debajo de mi cintura, no podía más, así que me descargue en el móvil una aplicación para buscar chicos. Había gran variedad de feos, demasiado mayores y de guapos inalcanzables, lo tenía complicado, pero pensé, prueba y háblale al que más te llame la atención, si cae pues genial.

Le escribí y me  contestó al instante con un: “Hola, que guapo eres, me encantaría que me dieses por detrás”. Yo me quedé exhausto porque no me lo esperaba para nada, creía que él con ese cuerpazo trabajado de gimnasio, esos ojos verdes salvajes y esa cara de malote, tenía que ser activo, pero por suerte para mí, le apetecía hacer de pasivo. A mi por lo general me encanta dar, pero cuando me topo con un gran tiarrón, me apetece todo lo contrario, sentirlo dentro de mi… dejarme llevar.

El tiarrón se llamaba Ángel y ya venía de camino a mi casa. Yo estaba de los nervios, no lo conocía de nada. Estaba solo, pero algo me decía que iba a ser glorioso. Me escribió para que bajara a por él, me acicalé, me puse muy machote y salí a la calle. Allí estaba el, llevaba puesta una camiseta deportiva de gran escote que enseñaba esos pectorales fibrados, a juego de unos pantalones cortos, muy cortos, y para rematar, en una mano llevaba una bolsa con 3 plátanos mientras que en la otra, sujetaba el que se estaba comiendo.

Yo pensé, ¿este que quiere hacer con los plátanos?, me puse hasta nervioso y lo primero que le dije fue, tartamudeando un poco: -¿Y eso? ¿es que no has comido o que?. El me contestó: -Acabo de salir del gimnasio y estoy haciendo una dieta para fibrarme. En ese momento, tuve una erección repentina, le di la mano y lo subí al piso.

Cuando entró cerró la puerta y me siguió hasta el salón, no se andaba con tonterías, pues al llegar ya se había quitado la camiseta. Tenía unos abdominales… ¿qué digo abdominales? Su cuerpo entero parecía que lo había esculpido Miguel Ángel, era perfecto. Además, ese toque bronceado de surfero le daba un plus… si se le puede dar un plus a la perfección claro está. Me agarró de la nuca y me besó fuerte, con ganas, con pasión a quitar la camiseta con esos brazos fuertes lentamente mientras nuestras lenguas se frotaban una y otra vez. Después me quitó el cinturón, me bajó los pantalones y me empujó hacia el sofá donde caí sentado. Me miró con esa mirada salvaje y empezó a recorrer su boca desde la rodilla hasta mis calzoncillos. En ese momento ya estaba para que me diese un ataque cardíaco, tenía el corazón a dos mil por hora. Me mordió los calzoncillos y me los quitó con la boca de una forma sutil mientras me miraba, comenzando a besarme el miembro desde abajo hacia arriba y cuando llegó a la punta, se la metió entera en la boca (antes me habían hecho felaciones, pero nunca se lo habían metido entero en la boca). Yo entré en éxtasis, estuve disfrutando de esa felación tan completa como unos veinte minutos, hasta que le dije que parara porque me iba a correr y no quería, no quería que acabara, así que le supliqué que me diese él por detrás. Me contestó con una sonrisa, se levantó y me metió su enorme miembro en la boca… recalco “enorme”, casi no me entraba pero eso me encantaba y a él, por lo que parecía también, ya que tenía los ojos en blanco y miraba hacia el techo mientras se pellizcaba los pezones.

Hice todo lo que pude hasta que me empezó a faltar el aire y la sacó de mi boca para metérmela por detrás. Cuando me la noté dentro no me dolió nada.

Mi culo había dilatado solo, fue una cosa increíble que jamás había experimentado. Empezó suave y despacio (pero yo no quería suave y despacio), así que empecé a empujar hacia él con fuerza para notarlo bien dentro de mi. Cogió la indirecta y empezó a darme rápido y con ganas. Entré en frenesí y solo podía gritarle: -Cabrón, dame más, más y más!! hasta que me corrí del gusto con su pene aun dentro. Después la sacó de mi, se quitó el condón y empezó a correrse encima de mi pecho mientras se masturbaba incesante.

Después nos limpiamos, nos vestimos, cogió su bolsa de plátanos y se marchó. Nunca más supe de él, aunque jamás se me borrará de la memoria.

Valentino.

tedeseo-baner

 

2 Comments

  1. Dennis

    11 mayo, 2016 at 2:01 pm

    Muy buena y realista… Seguiremos tus aventuras por la capital!

  2. Adelina

    4 junio, 2016 at 6:21 pm

    Que suerte el Valentino!!! saludos

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